“Gobernar es un arte que se va construyendo en la medida que van conociendo la institucionalidad, con guitarra es otra cosa”
- Elizabeth Ramírez
- 13 abr
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Matías Rivas, experto político analiza las primeras semanas del gobierno de José Antonio Kast, marcadas por recortes que se contradicen y una caja fiscal que utilizan como escudo.
Por Elizabeth Ramírez, Estudiante de Periodismo UDLA.

Durante la campaña electoral del 2025, el discurso de José Antonio Kast se centró en el orden, la seguridad y la reactivación de la economía. Prometió enfrentar la delincuencia, el crimen organizado y la migración irregular. En materia económica, expresó que realizaría un recorte del gasto público sin afectar los beneficios sociales, además de rebajar el impuesto a las empresas y reducirse el sueldo presidencial. Sin embargo, en la administración, estas promesas no se están cumpliendo como se estableció.
A 20 días de que Kast asumiera la presidencia de Chile, el gobierno ha instalado el discurso de un “gobierno de emergencia” y un “Estado en quiebra”, justificando que la caja fiscal heredada del expresidente Gabriel Boric, es deficiente. Con este argumento, se han impulsado diversas medidas, entre ellas, el recorte del 3% a los ministerios de Salud, Obras Públicas, Transporte, Educación y Vivienda, la revisión de limitar la gratuidad para menores de 30 años, la modificación del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), así como el fortalecimiento del control migratorio mediante el “escudo fronterizo” y el plan para reforzar el cobro de deudas del CAE.
Matías Rivas Peña, cientista político de la Universidad Central, magister en Gobierno y Gerencia Pública y director ejecutivo de la Fundación Voz Pública, observa el inicio de la nueva administración en un contexto de conflicto en la opinión pública. La expectativa de mayor seguridad (uno de los motivos principales del apoyo de la ciudadanía) comienza a verse afectada frente a las exigencias reales que impone la gestión del Estado.
El punto de partida
¿Qué tan responsables son las campañas políticas de generar las altas expectativas?
- Evidentemente se juega un poco con la necesidad que tiene la gente versus lo que podría ofrecer un candidato. Las campañas políticas de la última década han puesto, en realidad, la expectativa mucho más alta de lo que pueden cumplir en general.
¿Cree que se prometió más de lo que era políticamente viable?
-José Antonio Kast está tratando de poner en marcha su programa de gobierno, empezando con las medidas robustas que prometió en campaña, pero le ha jugado en contra la institucionalidad de un gobierno, porque gobernar es un arte que se va construyendo en la medida que van conociendo la institucionalidad, pero también que van conociendo las formas de hacer política al interior del gobierno. Como ellos mismos en algún minuto lo dijeron, "con guitarra es otra cosa".
¿Por qué cree que optó por este ritmo tan acelerado de decretos y recortes apenas asumió?
-Siempre se trata de mostrar la agenda presidencial los 100 primeros días, este ritmo acelerado es justamente para poder cumplir con muchas de las cosas que dijo que tenía urgencia en campaña. Por ejemplo, tema zanja, recortes, la persecución fiscal a los deudores del CAE; todas son cosas que prometió en campaña que, según él, eran más fáciles ejecutarlas vía decreto.
¿Ha existido pragmatismo?
-Yo creo que el pragmatismo no ha chocado todavía en la puerta de José Antonio Kast; sí puede hacerlo los próximos meses debido a esta seguidilla de acciones que está tomando su gobierno y que también han despertado un clamor ciudadano por responder a ciertas temáticas, entre ellas, la temática medioambiental, ya vimos como la semana pasada hubo una gran marcha en Santiago para poder reactivar estos decretos que se sacaron en términos medioambientales. El tema de la seguridad hoy día ya está de nuevo en la palestra y, además, estos movimientos estudiantiles que se están reactivando para poder exigir que en realidad no sea la fórmula para reactivar el tema de la economía la persecución de los deudores del CAE, con un argumento válido, por supuesto, que es que si no han pagado es simplemente porque no han tenido las oportunidades, a pesar de esta contraposición del gobierno que busca a quienes sí tienen para pagar y no lo han hecho.
Entonces, ¿existe una brecha entre lo que se ha prometido y lo que se ha ejecutado en los primeros días?
-Es una pequeña brecha ya que, si vemos la coherencia de las acciones del presidente, lo que prometió en campaña ha ido tratando de cumplirlo para no bajar tanto la expectativa durante estas primeras semanas de gobierno. Sí creo que en otras temáticas hay una brecha, por ejemplo: medio ambiente, género, salud, educación, son los grandes componentes del gobierno de José Antonio Kast que en realidad no tienen esa consecuencia que prometió. En materia de educación, esta persecución junto con el recorte y la limitación que le puso a la gratuidad también dice relación con brechas que no ha logrado cumplir desde la campaña de la segunda vuelta.
En acción
¿Por qué cree que se enfatiza en el diagnóstico de “gobierno de emergencia”?
-Tratar de imponer este eslogan de "es un gobierno de emergencia" significa que siempre se va a estar en alerta por las cosas que pasan, respondiendo un poco a la coyuntura, pero sacando el foco de la discusión a las acciones de gobierno. En realidad, es: “tenemos una caja debilitada, tenemos un Estado debilitado y no podemos avanzar”, como justificación para decir "nuestro programa de gobierno está avanzando lento”. Que la vocera Mara Sedini haya caído en justificar este eslogan de "gobierno de emergencia" y de "Estado en quiebra" es para poder decir: "estamos todavía revisando nuestras finanzas y por eso no hemos podido generar los cambios que esperaríamos estar generando", básicamente.
¿Y esa estrategia pudo haber sido evitable?
-Sí, pero prefirieron optar por ese camino debido a la contingencia. Es más fácil trabajar sobre la crisis en una emergencia que sobre la estabilidad política que tiene el país.
¿Estas decisiones son estratégicas o son restricciones políticas o económicas que le ha tocado vivir al gobierno?
-Yo diría que, al igual que el resto de los gobiernos que ha tenido este país, le tocó vivir una coyuntura con respecto a la guerra que lleva a cabo principalmente Estados Unidos e Irán y que repercute sobre los precios y el costo de la vida. Teniendo esos factores económicos ahí presentes, yo te diría que responde mucho más a la coyuntura política nacional que a la coyuntura económica internacional. ¿Por qué? Bueno, simplemente porque la institucionalidad chilena opera igual en un margen de acción que no repercute en el resto del mundo.
¿Qué costo político podría tener instalar esas expectativas tan altas que prometió en campaña y luego moderarlas tan rápido?
-La oposición ha sacado provecho de todos los condoros políticos que se ha mandado el gobierno y eso habla de también un costo político para la negociación. Saber que hay ministros que han tenido que salir a desmentir cosas de otros ministros y viceversa, que el presidente también tenga que salir a desmentir cosas, habla de que su gobierno todavía no está alineado, habla de que todavía están tratando de acoplarse a la maquinaria del Estado y, en ese sentido, lo que tenemos hoy día es que están pagando los costos políticos en términos de la opinión pública.
El tema del alza de las bencinas, ¿se pudo haber evitado si él hubiera decidido mantener el MEPCO?
-Sí, de todas maneras, el mecanismo de estabilización lo que hace es simplemente inyectar recursos del fisco para poder estabilizar los combustibles y no traspasar directamente el alza a los consumidores. Ahora, evidentemente gasta dinero, pero si hubieran mantenido este mecanismo durante un par de meses para saber un poco cuál iba a ser el término de la guerra, si es que iba a continuar o no, probablemente podríamos haber esperado ese escenario para que el gobierno hubiera tomado la decisión de si mantener o quitar el MEPCO. Creo, en términos técnicos, que hubiera sido algo mucho más viable que tirar de chaparrón esta alza que afecta directamente en los bolsillos y que, además, encarece un poco el costo de la vida en los próximos meses.
¿Cree que estamos frente a una crisis con la credibilidad de las promesas políticas?
-Evidentemente hay una crisis en la opinión pública porque los mismos electores del Presidente hoy día están cuestionándose si es que en realidad va a poder cumplir por lo que lo eligieron. Ahí hay una tensa relación entre lo que el elector quería versus lo que le está entregando el gobierno. Eso históricamente ha afectado en los diferentes partidos y en las diferentes coaliciones de gobierno, pero en este caso yo creo que está tensionando más el discurso porque lo que se prometió era de acción rápida.
Lo que se aproxima
¿Cree que podría haber otro estallido social?
-Que la opinión pública vaya en descrecimiento hasta tal punto en que la desaprobación llegue a niveles históricos y que pueda producir un estallido social, no creo que sea durante este primer semestre, a lo mejor incluso me atrevería a decir que el próximo año, pero si seguimos con la misma dinámica de la ejecución del programa de gobierno, probablemente sí podría producir una presión política a tal punto que llegue a desatar manifestaciones masivas en primera instancia y posteriormente le podamos llamar una segunda parte de estallido social.
¿Cómo definiría estos primeros 20 días del gobierno de Kast?
-Estos 20 días han estado marcados por un gobierno que busca cumplir con la expectativa, saltándose ciertas condiciones de la democracia y del manejo de gobierno, tratando de hacer las cosas con solo su sector y su apoyo, sin mirar más allá de la agenda de gobierno que tienen, sin buscar mayores aliados y sin buscar negociar con la oposición. Eso han sido marcados estos 20 días y el mensaje final que quiere entregar el gobierno es "venimos a hacer la pega y la vamos a hacer a toda costa", sin mirar atrás para poder recalcular, reformular o rediseñar alguna de las políticas que tiene.
¿Qué tendría que pasar para que el gobierno se alinee con la oposición?
-Abrir el marco de conversaciones con partidos de centroizquierda, la derecha tradicional, que podrían abrirle la conversación a través del Congreso. Para que suceda eso, primero José Antonio Kast tendría que atenuar un poco las medidas que son más controversiales de su programa de gobierno para poder sentarse a conversar sobre esas medidas de gobierno a tomar, para poder llevar una relación más amena con la oposición. Si bien en el Congreso en general tiene una robustez electoral que le permite gobernar sin consultar tanto y sin llegar a tanto acuerdo con la oposición, sí puede generar bastante reticencia, sobre todo con las medidas que afecten directamente el bolsillo de la ciudadanía, pero esa conversación es un poco más de largo tiro y no la ha tenido hasta el momento, por lo tanto, tampoco esperaría que la tenga los próximos meses.
¿Cómo podría evolucionar todo este escenario en las próximas semanas?
-Los escenarios en general que tiene el gobierno hoy día son bastante impredecibles, y ese margen de impredecibilidad nos dice finalmente que el gobierno va a optar siempre por las medidas que cree necesarias, no que sean necesarias —valga la redundancia—. Pero por el momento si seguimos en ese camino, lo que va a lograr el gobierno en general y nosotros vamos a presenciar es que van a aumentar manifestaciones, va a aumentar el malestar ciudadano, sobre todo con la presión inflacionaria que viene en términos económicos y afectando el bolsillo de las personas.
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